España. El metal pierde brillo
España. El metal pierde brillo. El sector metalúrgico es otro de los sectores reconocidos como estratégicos por el Ministerio de Industria, pero según la Confederación Española de Organizaciones Empresariales del Metal (Confemetal), está en su peor nivel de los últimos treinta años, sólo comparable con el de la crisis de 1993-1994. El año pasado la actividad productiva del sector cayó un 24,6% y se destruyeron 180.000 puestos de trabajo, más de 25.000 en Catalunya. "Las empresas que sobrevivan a esta crisis saldrán reforzadas y el sector mantendrá su peso en la economía", asegura Antonio Marsal, presidente de la Unión Patronal Metalúrgica y de la Unión Metalúrgica de Catalunya. Desde Confemetal advierten sin embargo que el sector "tiene una gran inercia, y las empresas o factorías que por la actual crisis se están viendo obligadas a cerrar, no se reactivarán cuando se supere la fase de dificultades y desaparecerán definitivamente". En su último Informe de Coyuntura Económica y Laboral, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales del Metal (CONFEMETAL) hace un llamamiento al Gobierno, las Comunidades Autónomas, todas las Instituciones, los empresarios, los trabajadores y los representantes de ambos, para que la Industria se convierta en una prioridad de la economía española. El Informe señala que el futuro industrial está estrechamente vinculado al éxito del conjunto de nuestra economía y que garantizar un entorno competitivo para la industria es la única posibilidad de superar situación actual, a pesar de cuya gravedad COMFEMETAL considera que bajo las condiciones adecuadas existe todavía un alto potencial de crecimiento y de generación de empleo en la Industria. En el ejercicio 2009 la brutal caída de la actividad del sector del Metal lo ha situado en el peor nivel de los últimos treinta años, sólo comparable con el de la crisis de 1993-1994. La actividad productiva del Metal, descendió un 24,6 por ciento de media anual y en 2010, a pesar de que las tasas de variación van a parecer mejores al compararse con los peores registros trimestrales de los que se tiene memoria, los niveles perdidos durante esta recesión serán muy difíciles de recuperar. El Sector perdió, en 2009, 180.000 empleos EPA de media anual registrándose una tasa de paro del 11,1 por ciento de la población activa, y en términos de variación anual, el número de ocupados en las Industrias del Metal descendió un 14,9 por ciento en comparación al año anterior. El número de afiliados a la Seguridad Social bajó un 12,4 por ciento de media en 2009, registrándose, en la Industria, tan sólo 807.044 afiliados. Si bien el comercio exterior podría ser el motor de arranque de una mejora de la actividad productiva, por el momento, las exportaciones de productos metálicos no están dando los resultados esperados y las importaciones reflejan la atonía de la actividad, de modo que son demasiadas las incertidumbres sobre la recuperación, tanto en el contexto internacional como en el interno. La Industria del Metal y el Comercio y los Servicios asociados a ella, por su elevado contenido tecnológico tanto en activos productivos como en mano de obra especializada, tiene una gran inercia, de forma que las empresas o factorías que por la actual crisis se están viendo obligadas a cerrar, no se reactivarán cuando se supere la fase de dificultades y desaparecerán definitivamente, disminuyendo, en consecuencia, la capacidad industrial, los puestos de trabajo y las propias posibilidades de la economía española de superar la crisis. Ante esta situación la Industria se enfrenta a los retos de lograr una economía basada en el conocimiento, segura y sostenible, baja en emisiones de carbono y eficiente en el uso de recursos, y en mantener una base industrial competitiva y fuerte, en un marco regulatorio favorable, predecible y estable que permita a las empresas –y muy especialmente a las pequeñas y medianas- operar, invertir y promover la excelencia, la innovación y la sostenibilidad. Asumir esos retos supone afrontar medidas que respondan a las necesidades reales de la Industria, lejos de las tomadas hasta ahora en los distintos paquetes de recuperación económica que se han centrado en inversiones poco productivas y han hecho muy poco, o nada, en áreas decisivas para mejorar la competitividad cuya importancia es capital para lograr la recuperación y que, además, no son las que requerirían mayores inversiones y por tanto no incrementarían en demasía el gasto y el déficit públicos. Desde la investigación y la innovación al mercado laboral, pasando por los marcos financiero y legislativo, la sostenibilidad, el modelo energético, la fiscalidad, la formación o el mantenimiento de la unidad de mercado, el futuro de la Industria necesita de medidas estructurales y en, muchos casos, urgentes. De la rapidez de la aplicación de esas medidas, como de su realismo y valentía, va a depender que todavía pueda salvarse parte del tejido productivo, y también su eficacia puesto que las demoras provocarán tratamientos más costosos y traumáticos y de resultados más inciertos. La Industria Española podrá responder a los retos planteados si cuenta un clima económico adecuado, condiciones favorables a la inversión en mercados de capitales, un mercado unido y fortalecido y condiciones marco –normativa, cualificaciones, inversión, fiscalidad, mercado laboral…- estables, previsibles y favorecedoras de su actividad. Si éstas no se dan, las empresas las buscarán allá donde existan y permitan su desarrollo. Lo contrario llevará en cascada a una desertificación industrial, una caída en sus niveles de tecnificación, un descenso de la productividad y, finalmente, a tener que buscar la competitividad en la reducción de salarios y en el adelgazamiento de nuestro modelo de protección social.
